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¿Al borde del desastre, por culpa de los mismos colombianos?



Escribe: CARLOS ALBERTO RICCHETTI*


A pesar de las numerosas muestras de buena voluntad por parte del Gobierno para sacar adelante la "Paz Total", hablando mal y pronto siempre el ELN "le sale con un chorro de babas".


Algunos se preguntarán: "Bueno. ¿Pero qué los impulsa a volver a sus viejas tropelías?". Y la respuesta no se hace esperar.


Las ideas "revolucionarias y de izquierda" de dicha insurgencia armada o la de las actuales disidencias de las desaparecidas FARC, es solo parte de un folclore en el cual ellos mismos dejaron de creer mucho tiempo atrás.


Pero lo cierto es que se mantienen por el negocio del narcotráfico, de la venta de armas, sustentada en el mismo tipo de expoliación hacia la población civil.


Maniobras


No por nada, cada tanto violan las treguas, los ceses bilaterales al fuego. Los negocios mas no los ideales, los llevaron a oprimir al pueblo a nombre de liberarlo de los malos gobiernos. Final ilegitimo de un origen legítimo que cada tanto, "vuelve y juega" contra la posibilidad de acabar la guerra civil librada en silencio desde hace setenta años.


Del otro lado, el uribismo, sus aliados, complacidos, sin quedar librados del todo de la sospecha cierta de estar dando aportes económicos a los actores armados, con tal de retomar el negocio de del país libanizado. Acuerdo mutuo, podría llamárselo.


"Plata es plata", como diría el electo alcalde de Medellín y referente de "La Oficina de Envigado". Los futuros malos gobernantes, llevando la plata de la expoliación nacional a sus bolsillos. Los guerrilleros, a quienes de igual manera la gente no les importa, "llevándose la sencilla" mientras cada tanto le tiran un "muertito" a la fuerza pública para "demostrar" falsos resultados.


Resultado: Previsible. Los "Fuera Petro", listos para recuperar los dineros perdidos luego de récords históricos de incautaciones, con el apoyo gratuito e implícito de aquellos que lejos del monte ven la guerra por televisión, bien lejos de ellos o de sus conciencias, yéndose a dormir mientras le dan gracias a Dios de volver a tener un gobierno de "gente de bien".


¿Culpables?


La culpa no es del marrano, sino de quien le da de comer. Por desgracia, en estas épocas el relato supera las convicciones, la realidad representada en la veracidad de los hechos, mientras la “malevolencia de los presuntos desentendidos” provoca estragos al interior de una sociedad ante todo práctica y escéptica, pero demasiado sensible a los comentarios tendenciosos.


Otra sería la suerte si más allá de la mala prensa, al servicio de aquellos que se empeñan en vivir del trabajador, capaz de tildar de populismo cuanto les impide monopolizar los “favores” del Estado, careciera de esquiroles gratuitos entre la ciudadanía.


No se hable más de ignorancia, de falta de inteligencia, porque si algo es imposible de evitar es el mero hecho de ser o no buena persona, a partir de lo ético con sentido en el bien común al margen del beneficio propio.


Lógica


Tarde o temprano, salvo se haga parte de las elites opresoras, del “elenco estable” del continuismo parasitario, la fuerza de la verdad se traduce fatalmente en los hechos concretos, alcanzado a cualquiera sin importar el beneficio o la omisión circunstancial. Siempre llega, aunque la sociedad esté dividida y a nadie le importe el prójimo, hasta ser víctima de modo inexorable de la fatalidad.

De allí la importancia irremplazable de anteponer el interés colectivo al privado, aunque exista la necesidad de mantenerlos en permanente equilibrio para evitar la violación de derechos fundamentales como el de la libertad, no de acaparar a expensas de la mayoría sino de tener libre elección, de ser dueños, responsables del propio destino.


En las postrimerías de 2023, Colombia tiene el lujo de contar con un gobierno que lejos de dejarse amedrentar de la corrupción, de la apatía del continuismo desastroso, impulsa reformas trascendentales en materia de salud, trabajo, pensiones, educación. Si más de once millones y medio de personas se manifestaron en las urnas por un cambio; ¿cuál es el sentido de oponerse a la hora de concretar dichas medidas?


Repudiaron a la clase política apenas poco más de un año atrás. Entonces; ¿por qué se ponen del lado de cuantos obstaculizan la actual administración ya no a causa de diferencias políticas, sino en la enconada defensa de sus privilegios mal habidos?


¿Tanto poder tienen la radio, la televisión, las redes, a fin de evitarle a las personas tener la memoria del burro, que nunca olvida cómo, cuando, donde come? ¿O la inmensa mayoría preferirá resignarse a vivir privada de lo legítimamente suyo, con tal de no perderse la comidilla del chisme barato de galería, sin el cual pareciera no poder vivir por encima de la necesidad comer, trabajar, curarse, recibir educación y poder planificar un futuro?









*Periodista, escritor, poeta, actor y cantautor. Director general de Diario EL POLITICÓN DE RISARALDA y de su suplemento, ARCÓN CULTURAL. Intregrante del CIRCULO DE POETAS IGNOTOS.

 

 

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