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Cabal quiere que Colombia vuelva a ser una fábrica de sicarios, para "dar trabajo"




Escribe: CARLOS ALBERTO RICCHETTI*


Lo que puede parecer un llamado lógico y aún justo a terminar de cuajo con la delincuencia común, guarda la indisimulable intención de marcializar el país, retrayéndolo a la retórica uribista de la violencia exacerbada para mantener un tipo de orden que sirve a sus intereses de expoliación nacional.


Por ende resulta natural ver u oír a los paladines de la destrucción colombiana, con discursos dictatoriales a ultranza, siempre asociados a conexiones delictivas, refunfuñar contra la acción de los delincuentes comunes, proponer su eliminación violenta para exacerbar el cáncer de la intolerancia, pero jamás proponer medidas contra las múltiples condiciones que la generan.


Veinte años de gobiernos uribistas premiaron el liderazgo de los verdaderos criminales de guante blanco, saquearon el erario público y llevaron al pináculo la asociación mundial del país con temas vinculados al crimen organizado.


De hecho María Fernanda Cabal, junto a la banda de desadaptados que la secundan en su intención de volver a convertir Colombia en una dictadura de partido único, intentan naturalizar la posesión de armas por parte de civiles porque en detrimento de construir Nación, desarrollar la economía o elevar la calidad de vida, necesitan una nueva generación de sicarios a su permenente disposición.


Para mayor y mejor muestra, las permanentes acusaciones de Cabal, de su marido, el oscuro ganadero José Felix Lafaurie, en el fomento de la creación de grupos de vigilancia armada en defensa de los intereses de las patronales, contra la voluntad de justicia social, equidad o la vocación sindical como herramientas para hacerlas posibles.


No conforme con ser una de las organizadoras de la violenta represión durante las jornadas del Paro Nacional, de sus comprobados vínculos con el narcotráfico y el paramilitarismo, la propia congresista patrocinó el ascenso político de Andrés Escobar, célebre por aparecer disparando en Bogotá contra los manifestantes, convirtiéndolo en concejal.


Así, con el argumento de la exacerbación de la figura de los bienes personales, de la propiedad privada, cuando estos muchas veces se construyen sobre el despojo de los sectores sociales más sensibles, Cabal alienta a quienes en su alarmante desclazamiento, piensan hacer parte de la minoría de privilegiados bajo ameneza, a fin de abrir fuego antes de preguntar.


Desde luego, muy preocupada en la consecución de sus fines, a la desafortunada senadora tampoco le interesa que al margen del poder adquisitivo indeterminado de una población, es el poder real del cual es parte integral el principal responsable del incremento de la violencia. Televisión, radio, medios cómplices, redes sociales, escarnio público organizado, narco novelas, el ocultamiento de la verdad, la manipulación de las entidades del Estado, hasta ciertos programas de entretenimiento, promueven una intolerancia deliberada.


De esa manera, en medio del escenario de una Colombia que descomponen en su propio peculio, secuestrando la Fiscalía, la Procuraduría, pagando a actores armados -paramilitares, guerrilla- para recrear el conflicto armado y destruir los arduos esfuerzos de paz, ahora pretenden armar a la sociedad en contra de sí misma, quitándole el monopolio a la fuerza pública que dicen defender.


No deberían dejarse engañar los ciudadanos con falsos argumentos. La violencia, la agresión, lejos está de desaparecer a punta de fusiles o pistolas, los incrementó en países como por ejemplo los Estados Unidos, donde pululan las masacres en colegios o campos universitarios.


Cabal y toda su caterva basaron siempre sus políticas en el despojo de tierras, la supresión física del adversario, pretendiendo imponer la pobreza al ritmo de la veneración del narcoparamilitar Álvaro Uribe Vélez, como símbolo de un liderazgo al interior del modelo de desgobierno ideal a su conveniencia.


Detestan la verdadera democracia. Por eso se apropian de los cargos, de la justicia. Aman la perpetuación de una sociedad desigual dependiente, porque la multiplicación de las oportunidades les harían perder sus privilegios mal habidos. Atacan las reformas, al defender negocios particulares e intereses en detrimento de la mayoría, precarizando la salud, , "jugando a la ruleta de la bolsa" con los dineros de la educación o las pensiones.


Y lo peor, como si el país no hubiera tenido ya suficiente sangre en ochenta años de conflicto armado interno, de guerra civil solapada, invitan a los civiles a matarse a tiros en la presunta defensa de una convivencia que ellos mismos se encargaron de dar al traste, para mantener una ciudadanía dócil, obediente, manipulada, condenada al "contratico" pasajero para poder seguir robándose Colombia entera, caminando en torno de los cadáveres de la inmensa mayoría. Eso sí, armada hasta los dientes, por si algún muerto de hambre osa amenazarla con quitarle el mísero sustento a cambio de seguir manteniendo a delincuentes de cuello blanco, tan vagos o peor aún que Cabal.
















*Periodista, escritor, poeta, actor y cantautor. Director general de Diario EL POLITICÓN DE 

RISARALDA y de su suplemento, ARCÓN CULTURAL. Intregrante del CIRCULO DE 

POETAS IGNOTOS.

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