Colombia: Viacrucis de la Muerte


Escribir: JHON JAIRO SALINAS*


¡La última confesión de la verdad habrá de ser ternura para comprender las diferencias, y allanar el camino hacia una singular convivencia, en la abundancia de la multiciplidad del amor, la paz, la solidaridad y el espíritu revolucionario de una conciencia ética por la vida...


Aún en los más centenarios y gigantes árboles; los que inspiran solidez, altura y firmeza se rodean de una tierna corteza!


Con esta breve reflexión, podríamos decir que el informe de la Comisión de la Verdad, es un acto de confesión que nos debe inspirar hacia una nueva era de paz en Colombia para desterrar las tinieblas del horror que han lacerado la vida de quizás millones de víctimas, en un holocausto de horror perpetrado por los alquimistas de la barbarie, en el país del "Sagrado Corazón de Jesús".


No me voy a detener en las cifras, pero sí puedo decir que fueron miles, y miles de niños reclutados, asesinados y desaparecidos; miles de mujeres violentadas y asesinadas; miles de jóvenes, indígenas y líderes sociales ajusticiados; también miles de secuestrados a nombre de una tal "revolución" y miles de presos políticos confinados en las mazmorras del Estado.


Como lo expresó el mismo Padre Francisco de Roux en la entrega de dicho informe: "(...)Llamamos a sanar el cuerpo de la nación, la cabeza cortada en El Salado, la vagina agredida en Tierralta, el cuello degollado en el Catatumbo(...)". Son un simple rasgo de la vorágine de la guerra en Colombia.


Donde las motosierras en los campos colombianos, fueron utilizadas muchas veces para talar los pies, manos y cabezas de humildes campesinos, y los machetes para arrancar los troncos de indefensos cuerpos; siendo arrojados en las mansas aguas de los ríos. En Las fosas comunes nunca hubo un grito trepidante de justicia...Un cristo sin cabeza en la iglesia de Bojayá, una muñeca destrozada es símbolo de la niña violada.


En el corregimiento de El Salado, departamento de Bolívar, aquel 22 de febrero del año 2000 (...)a Deibby, la niña de trenzas negras, con solo dieciséis años, en las polvorientas calles de la plaza principal, desfloran su virginidad, la empalaron delante del pueblo.


Uno de ellos instala un enorme sonido, al calor de rancheras y vallenatos. Danzan y bailan celebrando la muerte...


En un lodazal de sangre, en la placita principal, aquellos paramilitares hacen la fiesta. Con las cabezas desgajadas de inermes cuerpos, juegan a la piñata.


En medio de orgía, dolor y sangre se proclaman héroes...


Cabezas fueron exhibidas como trofeos de guerra. Símbolo de sadismo y valentía...


En medio de la fiesta, las melodías de rancheras y vallenatos, lágrimas y gritos desgarrados -de mujeres y niños- se confundían en una sola armonía de terror (...)


La mañana del 11 de agosto, año 2021, en el barrio Llano Verde, en Cali, (...) aquellos niños de ébano fueron el arcoiris de fiesta infantil, ángeles del cielo azul, fueron levadura, una sola raza..,un solo color de purísima piel. En sus corazones latía la vida, ellos quisieron ser universo de paz y alegría... Sus cuerpos sagrados... almas limpias y puras como cristales profanados... Ellos algún día fueron amor conjugado y amor glorificado.


Sí, aquel 11 de agosto, balas asesinas atravesaron aquel jardín de tulipanes negros, en la 'sucursal del cielo'. Jeison, uno de los cinco niños color ébano dijo: (...) "Mi cometa vuela y da volteretas. Ya casi alcanzo mi estrella para llevársela a mi mamita" (...)


A cinco niños les cercenaron sus sueños de fiesta infantil...


En esta orgía de muerte, se implementó la utilización de criaderos de caimanes, (en el sur del departamento de Bolivar), siendo alimentados con los cuerpos picados de inocentes campesinos, y de hornos crematorios en los que quemaban a las víctimas, a veces vivas: «(…) Lo echaron vivo ahí (…) El horno lo manejaba un señor a quien le decían ‘funeraria’, creo que se llama Ricardo. Dos señores le hacían mantenimiento a las parrillas y a las chimeneas, porque se tapaban con grasa humana» . Confesó un paramilitar, en Justicia y Paz.


Aquellos hijos del obrero, de la lavandera, el hijo de la trabajadora sexual; con ilusión prestaron su servicio militar. En campos minados perdieron sus extremidades a nombre del "Dios y la Patria". Otros fueron entregados en féretros envueltos en la tricolor... ¡Cuántas viudas, cuántos huérfanos, cuántas lágrimas de sufrimiento y dolor!


De aquellos mal llamados falsos positivos un poeta escribió: "De andar por la ciudad llamándome,

colgando en tu árbol del temor mi nombre. Como si eso que ahora soy fuera tu hijo. Incluso entre los muertos tuviste que buscar a otro.


Y otro te dijeron que yo era. Qué pena, madre, este disfraz no me lo puse yo, me lo pusieron. Mírame bien, quítame el lodo, que los vea yo desde la muerte".


Desollamiento en muchos casos a las víctimas, arrancar sus uñas en carne viva, cercenar sus genitales, desmembración de extremidades, desfloramientos a niñas indígenas con falos de madera... Todo ello hizo parte de la poética paleta, plasmada en la barbarie del "Sagrado Corazón de Jesús.


Un grupo de jóvenes, hijos de la violencia en Colombia, en un evento de memoria histórica, convocado por la Comisión de la Verdad manifestó: (...) "Resistimos en el camino desaprendiendo,

la guerra nos dejó un dolor ruidoso, sólo el amor sabe de armonía con el otro.


Y preferimos el amor que cae como lluvia de caminos y palabras; que habla suave desde la punta de nuestras lenguas, desde las esquinas de nuestras manos.


¿Qué significa el amor? nos pregunta esa lluvia que hoy moja nuestros pies, empapados de vida" (...)


Estamos seguros de que muy pronto en la Colombia Humana, dejaremos de ser una aldea de fosas comunes, de esculpidos huesos; que durante doscientos años han naufragado en lágrimas diáfanas... Precipitadas en un lecho de piedras pulidas de trágica muerte y dolor...


Vendrá gozosa la fiesta por la vida; cambiaremos el llanto por la alegría; la madre tierra será protegida; nuestros hermanos mayores, pueblos ancestrales, campesinos, el negro y la negra verán el resplandor de nuevos amaneceres en paz y concordia.


Habrá patria para los excluidos. Será la restitución de derechos de los nadie, de quienes por décadas han sido negados.


Será una Colombia multicolor la que recupere su derecho a vivir tranquila. "Así sea, por los siglos saqueados, siglos restaurados, hasta que la vida se haga costumbre"...


Algún día la guerra en Colombia será sólo un viejo lienzo de sangre estampado en la paz perpetua... cuyas armas se deberán fundir en un gran pozo de hedionda maldición...


El objetivo de la Comisión de la Verdad es que los hallazgos y recomendaciones, que son el resultado de su proceso, contribuyan significativamente a la dignificación de las víctimas y tengan un impacto real en las políticas públicas y en la población colombiana en general.


"Esta verdad sobre lo intolerable, fragmentaria como sea, sigue siendo verdad y exige decisiones éticas y políticas que se plantean en recomendaciones de no repetición".


¡Ojalá que en Colombia

cese la muerte!

¡Que regrese la vida!

¡Que vuelvan los sueños!

¡Que vuelva el amor!

¡Que vuelva el aire!

¡Que vuelvan los besos!

¡Que vuelvan las madres!

¡Que vuelvan las aves

con sus cantos de vida!

¡Que vuelva el sol!

¡Que vuelva la lluvia

a regar nuestros huertos!


Padre Francisco de Roux: ¡Hoy más que nunca caminas sobre la alfombra de la dignidad, dejando huella en la historia, tejiendo paz en corona de Laurel!...


A aquellos necios del oficio de la guerra, les puedes decir "Haré con mis ovejas un pacto de paz, y quitaré de la tierra a las fieras salvajes. Así mis ovejas podrán habitar seguras en el desierto y dormir en los bosques."









*Dirigente y defensor de derechos humanos oriundo del departamento del Quindío. Escritor. Poeta. Corresponsal y periodista tanto de Diario EL POLITICÓN DE RISARALDA, como de su suplemento, ARCÓN CULTURAL.

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