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Don Olmedo, un amigo que se fue "de viaje"



Olmedo Antonio Ospina Aguirre, hijo de Carmen Aguirre y Vicente Ospina, tuvo 11 hermanos, ahora vivos solo quedan Amanda, Oneida, Magnolia, Elmer y Hernando.


Su familia originaria de Santuario, Risaralda, llegó a Pereira desplazada por la violencia que azotó a este municipio en la década de los 60.


Casi que toda su familia, además sus padres llegaron a la carrera segunda con calle 22 para establecerse en este sector de la ciudad y hasta estos días esta numerosa familia continúa viviendo en la misma cuadra, aunque las generaciones crecieron y muchos tomaron rumbos extranjeros, aún son una pequeña dinastía que ha marcado la historia de las calles céntricas de la capital de Risaralda.


Su padre, don Vicente Ospina, en su casa abrió una tienda, también tenía una pequeña colección de música, pero él además era vendedor de libros y viajaba por muchas partes del país, así que le asignó a su hijo Olmedo que se encargara de la tienda.


Pero Olmedo siempre sintió empatía y gusto por la vieja buena música y poco a poco fue aumentando la colección de su padre para ahora pasar a tener su propia colección de acetatos, casetes y discos compactos.



La música y su esposa


La pasión por la música es un gen que ha trascendido de generación en generación, lo recibió de su padre y lo heredó a sus hijos, Juan Carlos, John Jairo, Olmedo Antonio y Gladys, cuatro hijos resultados del amor por una hermosa mujer que robó su corazón, Rublia era una adolescente que vivía en el centro de Pereira a quien su padre un liberal declarado, no le deja conseguir novio porque de pronto se metía un ‘godo’ (del partido conservador) a la familia.


Antes de que la carrera segunda estuviese poblada como está ahora, solo habían algunas casas, al frente estas había una manga donde las niñas llegaban a jugar, después del juego pasaban a la tienda de Don Vicente a comprar helados, pero Rublia no podía acercarse al lugar, entonces Olmedo le preguntaba a las niñas ¿Y la amiguita por qué no viene?, y ellas respondían “El papá no la deja entrar”, pero como la curiosidad de Olmedo era grande entonces le preguntó a las niñas que dónde vivía aquella jovencita, lo supo y empezó a buscarla, pasaba por la casa de Rublia y su padre empezó a sospechar, tan pronto supo que Olmedo era hijo de un liberal de Santuario lo aceptó y es que a ella también le gusto el joven santuareño. Y aunque ella quería ser monja, muy poquito le duró el impulso de este deseo, se hicieron novios y pasados ocho meses, Olmedo ya le hablaba de matrimonio y ella le respondió “Ajustemos siquiera un año de novios”. Y la boda se celebró.


El romance de los esposos siempre estuvo mediado por la pasión que Olmedo sentía por la música y qué rápido contagio a Rublia quien orgullosa dice que “esa música está tan bien escogida que ha venido gente que conoce del extranjero y ha quedado sorprendida porque hay discos que solo tienen en esa colección. Hasta sacerdotes venían a escuchar música”.


Juntos viajaron y visitaron ciudades de Estados Unidos, México, Cuba, incluso fueron a Argentina en bus donde conocieron la tumba del gran Carlos Gardel.


Su gran amor, su esposa, expresó que está lista para irse detrás de su esposo, pero solo será cuando Dios la llame y no antes.



Su partida repentina


Aunque Olmedo pasó un par de meses en su habitación sin bajar a abrir el negocio, debido a los dolores intensos de la artrosis, nuevamente se recuperó y comenta su esposa “él no perdió el conocimiento ni nada” y hasta planes de celebrar el aniversario de matrimonio tenían, pero Olmedo padecía un cáncer de próstata y también estaba de enfermo de los riñones. El miércoles 26 de julio dejó esta tierra y aunque cuando los humanos parten un vacío queda en el alma de quienes aman al fallecido, será imposible recordarlo en silencio, pues su paso por este mundo fue toda una poesía de amor por la música que seguirá sonando en “El Rincón Clásico” de Olmedo Antonio Ospina Aguirre.



Fuente: EL DIARIO

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