Duván Murillo; ¿para una alcaldía o la Gobernación? Esa es la cuestión

De acuerdo con algunos calificados dirigentes políticos, líderes comunales y sobre todo de los ciudadanos de a pie del departamento de Risaralda, el conocido como “el diputado de la educación” es de los pocos con el fuego sagrado para “jugar en las grandes ligas”.


Su singular perfil le otorga una imagen potable a los sectores de derecha e izquierda, debido a las excelente capacidad de aglutinar o liderar distintos espacios antagónicos, lo cual resulta fundamental para lograr la tan ansiada paz interior, sin necesidad de seguir polarizando la opinión pública.


En épocas turbulentas, de numerosas denuncias por corrupción, Duván Murillo Grajales posee una trayectoria intachable, conjugando la hiperactividad de pensar las veinticuatro horas del día en dar lo mejor de sí a la corporación, junto a las grandes convicciones que nunca abandonó ni en los momentos más difíciles.


Profundamente cristiano, hombre de familia, trabajador infatigable; de profesión docente, aunque pedagogo innato al punto de lograr consolidar un mejor funcionamiento a nivel colectivo e individual, tiene el don de ubicar a cada uno en el puesto donde más rendimiento favorable tiene y como si ello fuera poco, ocuparse de que no se aburra, sabiéndolo valorar por el peso propio.


Corazón y convicción


Este legislador no vaciló en arriesgar su propio prestigio, el caudal político amasado durante largos años de arduo trabajo, para ponerse al servicio integral del cual consideró por innumerables razones el candidato de mayor identificación con el momento político, social o económico del país.


Hábil lector del escenario político, lejos de dejarse influenciar de los prejuicios, de las falsedades difundidas con desparpajo en calidad de “verdades sagradas”, eligió acompañar a Gustavo Francisco Petro Urrego en su camino a la Presidencia de la República, al interpretar a la perfección cuándo, dónde, la forma de situarse del lado correcto de la historia escrita mañana.


Al ser consultado al respeto, afirmó no estar arrepentido ni haberse equivocado cuando el primer mandatario electo de las colombianas y los colombianos solicitó a futuro a las distintas autoridades del ámbito municipal, departamental, nacional, ir alistando los lotes destinados a la construcción de universidades públicas gratuitas.


Todo ello, porque “el concejal que fue, el diputado de hoy de la educación”, maestro de alma, jamás podría darle la espalda al proyecto de enseñanza más trascendental de los doscientos doce años de vida independiente de Colombia. En la práctica, como suele decirlo a través de una frase de campaña que él mismo acuñó, “juntos sean más también quienes puedan acceso a la cultura, al conocimiento, a lograr la necesaria capacitación a través del esfuerzo, convirtiéndose en auténticos profesionales”.


Consensos


Cuando es consultado acerca de las intenciones de llevarlo por voto popular a un alto cargo como el Senado de la República, la Cámara de Representares, alguna alcaldía o la Gobernación, al oriundo del “Municipio Industrial” lo “traiciona” apenas la humildad nunca perdida, optando por la cautela y el tiempo, encargados a la postre de dar el veredicto definitivo.


No obstante, Murillo Grajales tiene muchos ojos fijos en su persona, dueña de una hombría de bien necesaria para cualquier labor, en especial de tratarse de cargos públicos, porque es al interior de las corporaciones donde se toman las decisiones afectando la vida de un sinnúmero de ciudadanos.


En ese concepto, no deja de prepararse en caso de haber mayorías queriendo llevar sus brillantes servicios a la comunidad un paso más allá, donde las determinaciones fundamentales estén supeditadas al criterio de un ser humano con la impronta de hacerlas llegar a buen puerto.

Lo principal, ya lo tiene. Las mejores cartas de presentación no son las palabras, sino el trabajo desplegado, la inteligencia comprobada, junto a una transparencia y el deseo indisimulable, la satisfacción de que al menos gracias a lo traducido en hechos, sus conciudadanos sean un poco más felices.


Escribe: CARLOS ALBERTO RICCHETTI*


*Periodista, escritor, poeta y cantautor. Director general de Diario EL POLITICÓN DE RISARALDA y de su suplemento, ARCÓN CULTURAL. Integrante de ¡UYAYAY! COLECTIVO POÉTICO, así como del CÍRCULO DE POETAS IGNOTOS.



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