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El dolor de los niños de Palestina.



Escribe: JHON JAIRO SALINAS*


El dolor de los niños de Palestina es un tema que merece nuestra atención y compasión. Estos pequeños, inocentes e indefensos, sufren día tras día las consecuencias de un conflicto que parece no tener fin. Sus sonrisas se desvanecen y son reemplazadas por miradas tristes y ojos llenos de miedo.


Imagínate ser un niño y no poder jugar en paz, vivir con el constante temor de un bombardeo o una incursión militar. La infancia debería ser un tiempo de alegría, aprendizaje y crecimiento, pero para ellos, es un período de sufrimiento y pérdida. Sus vidas están marcadas por la violencia, la opresión y la falta de oportunidades.


Los niños de Palestina han presenciado cosas que ningún niño debería presenciar. Han visto a sus seres queridos heridos o asesinados. Han experimentado la destrucción de sus hogares y escuelas. Han sido separados de sus familias y sufrido traumas que los perseguirán por el resto de sus vidas.


Sin embargo, a pesar de todo esto, aún hay esperanza en los ojos de estos niños. A pesar de las dificultades que enfrentan, todavía encuentran la fuerza para sonreír, jugar y soñar. Son resilientes y valientes, y merecen un futuro mejor.


Es nuestra responsabilidad como seres humanos y como sociedad alzar nuestras voces en apoyo a estos niños. Debemos exigir un alto al fuego y una solución pacífica al conflicto en Palestina. Debemos abogar por sus derechos a la educación, la atención médica y una vida digna.


Además de abogar por ellos, también debemos contribuir de manera tangible. Podemos donar a organizaciones que brindan ayuda humanitaria en Palestina. Podemos apoyar proyectos educativos y de desarrollo que mejoren las condiciones de vida de estos niños.


Nunca debemos olvidar que cada niño merece una infancia feliz y segura. No importa su origen étnico, religión o nacionalidad. Todos los niños tienen el derecho inalienable a vivir sin miedo y a tener acceso a las mismas oportunidades que sus pares en otras partes del mundo.


El dolor de los niños de Palestina nos debe mover a la compasión y la acción. No podemos quedarnos cómodos en nuestra indiferencia. Debemos levantar la voz, mostrar solidaridad y trabajar juntos para construir un mundo mejor para ellos. Cada pequeño acto de bondad y amor cuenta.


No podemos cambiar el pasado, pero podemos marcar la diferencia en el presente y el futuro de estos niños. No dejemos que su dolor caiga en oídos sordos.


Termino este texto con estos bellos versos del poeta, Rafael Anaya Puerta:


Rostros sin mañana sin ilusiones,

sin , sus padres,

ni una abuela que seque su llanto

ni un abuelo que tome de la mano

Guerra que mutila el alma,

dejando en la nada tanto dolor y llanto

cuerpecitos innertes, sin vida,

despojados de su dignidad,

los vivos quedan , en la nada

solos , sin apegos, sin patria

deberíamos tener miedo,

unos yacen otros quedan solos

y pronto serán adultos

ellos miraran el mañana....

Todo nos asombra , nos duele,

¿y ellos?












*Dirigente y defensor de derechos humanos oriundo del departamento del Quindío. Miembro del Pacto Histórico Quindío. Escritor. Poeta. Corresponsal y periodista tanto de Diario EL POLITICÓN DE RISARALDA, como de su suplemento de ciencias y artes ARCÓN CULTURAL.

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