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Guerra, muerte y violencia, disfrazada de ideas



Escribe:

CARLOS ALBERTO RICCHETTI*


Escenas lamentables fueron las que se vivieron en la jornada de este 15 de febrero, cuando la oposición a las profundas reformas del gobierno de Gustavo Petro, dio rienda suelta a los más bajos instintos y a protagonizar escenas dantescas.


Frente a la decisión ya no solo del Presidente de la República, sino del Gobierno respaldado por casi 11 millones de almas para realizar cambios necesarios en los sistemas de trabajo, salud o pensión, el uribismo mostró su desprecio e irrespeto por la democracia.


El odio al cuestionamiento tan característico de las sectas religiosas, donde la razón queda en segundo plano para que los líderes inescrupulosos puedan seguir robando, prendidos al poder, dejó claros testimonios en fotografías, celulares y cámaras, excediendo tanto las palabras como las exageraciones al respecto.


En esta oportunidad sería una completa falacia informar sobre la asistencia de pocas personas, aunque si de distinta composición al comparársela con la del día anterior, organizada de forma pedagógica frente al alto riesgo de ataques indiscriminados.


Descalificador


Las imágenes tomadas a través de los dispositivos de los mismos uribistas para su propio beneplácito, guardaron con mayor precisión el momento en el cual una periodista del portal informativo “Cofradía por el cambio”, valga la redundancia, fue virtualmente molida a golpes por los intolerantes.


Aunque en este caso el episodio fue registrado de manera parcial, será cuestión de días para complementar el diagnóstico médico, casi siempre inefable, con las correspondientes evidencias de la artera agresión, cometida por presuntos partidarios de la ética, la moral o, sobre todo, del “cuidado” del cuerpo femenino.


¿La causa de tan “contundente” respuesta? Preguntarle al concurrente los motivos que lo conducen a desarrollar con libertad, sin amedrentamiento de parte del Estado, el derecho a manifestarse, sin el resquemor de recibir un disparo de fuerzas policiales, del ejército, ni de grupos armados ilegales haciendo “logística”.


Algo idéntico sucedió cuando los desadaptados comenzaron a dañar la improvisada escultura de una paloma de la paz, la cual lejos de representar ideas políticas determinadas, viene a reflejar el legítimo anhelo de la inmensa mayoría de los colombianos de dar término al conflicto interno más lardo de la historia de la humanidad.


Sería inútil pretender abarcar en tan pocas líneas el detalle de cada bestialidad cometida por los enemigos de la convivencia, porque tampoco hacen faltan para descalificar a estos personajes, así sea desde el fuero interno y no terminar herido o asesinado si se intenta.


¿Qué hacer?


Indefectiblemente, el uribismo y la oposición de extrema derecha representan un culto alevoso a lo inexacto. Unos pocos, por la conveniencia de beneficiarse como si la realización, el sentido de la existencia, no tuviera otra forma diferente a la de hacer harina amasando a los demás. La inmensa mayoría, quienes serán descartados cuando dejen de ser necesarios, víctimas de los mismos líderes a los cuales les brindan apoyo incondicional, no aceptan alternativas distintas al consuelo del acercamiento arribista, aunque implique continuar la servil senda de sus antepasados.


Si correspondiera definir los argumentos opositores, no podrían encontrarse otros distintos al odio, la calumnia, el chisme de galería, la intriga, las agresiones verbales, las físicas y desde luego, la supresión del contradictor político a fin de imponerle una realidad incompatible con la existencia digna.


Siempre se los verá tratando de quebrar la armonía, la construcción del diálogo, de la paz, de la convivencia, para imponer la polarización, el aborrecimiento de un individuo contra el otro, desencadenando en la confrontación de grupos sociales antagónicos previamente cebados a ese efecto. Cuando les resulta cómodo, se llenan la boca del Dios, mientras en las noches se enorgullecen de las diabluras planeadas al día de mañana.


Hablan de la “libertad de expresión”, utilizándola como “partido político”, pero no aceptan ser interpelados. Mucho menos, criticados, confrontados al punto de dejar en evidencia la ceguera que sus líderes fundacionales les imponen como agenda.


Los pactos preexistentes, los acuerdos, los reglamentos, se establecen en la sociedad para generar mecanismos de prevención de la violencia, en procura de mayor concordancia, entendimiento, tolerancia, dirimir las diferencias por intermedio del diálogo, del entendimiento. Entonces; ¿qué puede suceder si alguna de las partes es incapaz de sujetarse a los mínimos convencionalismos civilizados, desobedeciendo la ley al amparo de sectores encargados de pregonar el terror, cuando no les conviene la paz, el bienestar general al ser opuesto a sus negocios?


De idéntica forma en la cual los uribistas se abrogan el derecho a perjudicarse, hay miles de colombianos pretendiendo vivir en un país más democrático, moderno y viable. Trabajadores exigiendo mejores condiciones laborales. Usuarios de la salud, hartos de sentirse burlados al momento de pedir citas médicas, durante el mero hecho de hacerse atender. Ancianos exigiendo respeto después de haber aportado con esfuerzo a las cajas, viviendo al límite Jóvenes que quieren labrarse el futuro sin pagar matrículas, cuotas de estudios inaccesibles en las universidades, sedientos de encontrar oportunidades dentro del marco del propio país, en lugar de emigrar a buscarlas cuando no lo deberían necesitar nunca. ¡Esta gente votó a Petro, es mayoría, sus reclamos son legítimos y el Gobierno tiene la suma del respaldo popular para tomar medidas tendientes a preservar su integridad frente a los violentos!


Contexto y pedido


Existe una grave situación de orden público creciente en la medida del transcurso del tiempo. El Presidente Gustavo Petro, los calificados integrantes del gabinete que lo secunda, los senadores, representantes, diputados, a estas alturas agotaron los límites de la tolerancia frente a los agravios, la falta de respeto, la intolerancia o la agresión en todas sus formas.


Se puede hacer oposición política sin caer tan bajo desde el diálogo, dando a entender las diferencias, señalando de forma enérgica si corresponde el “camino a seguir”, los cauces tendientes a avanzar en la mejor dirección. Puede haber críticas. La democracia, la libertad, brinda tales atributos a la ciudadanía. Por el contrario, lo que para algunos consiste en la simple comidilla de fortuitos ataques personales, antecede al desprestigio de los hombres con el propósito de mancillar las instituciones y genera las condiciones progresivas de un golpe de Estado.


Desde hace décadas los colombianos vienen peleando a favor de reivindicaciones, imaginadas antes del advenimiento de la actual administración. Las cifras suman alrededor de 300.000 víctimas, entre violencia partidista y conflicto armado interno, a los cuales corresponde sumar los heridos, torturados, asesinados, desaparecidos del Paro Nacional.


¡Por mucho menos, hasta sin justificación, los gobiernos uribistas tildaron a marchantes de "guerrilleros", reprimiéndolos a mansalva!


Teniendo lugar un Gobierno progresista, al margen de la excelente gestión demostrada, es inaudito concebir dirigentes, líderes, referentes de las regiones, militantes de base comprometidos con el país, expuestos a los ataques de una minoría de execrables, buscando imponer sin razón un modelo fallido, fracasado, corrupto, además de narco paramilitar. Sin equipararse con aquello de lo que se pretende tener amplias diferencias; ¿cómo “hablarle” a quienes sistemáticamente se rehúsan, porque en lugar de ideas tienen intereses espurios contantes y sonantes, sin correr el riesgo de ser apaleado o recibir una bala en la cabeza?


¡Aquí se intenta disciplinar, amedrentar, de persuadir al pueblo pacíficamente sublevado a la clase política decadente, de no tener otra alternativa a la de dejarse someter por una banda de asaltantes de lo público!


Es comprensible la permanente disposición a dialogar al interior de la sufrida Nación Colombiana, vejada, desollada a partir de décadas de actos violentos, venganza, revanchismo, de condena a la desocupación, la incertidumbre, el subdesarrollo eterno. Sin embargo, más tarde que temprano por dignidad, respeto a la libre decisión mayoritaria, defensa de los derechos cualitativos de los ciudadanos, constituyendo la auténtica esencia de la Patria, va siendo hora de dar un golpe. Pero de autoridad.








*Periodista, escritor, poeta y cantautor. Director general de Diario EL POLITICÓN DE RISARALDA y de su suplemento, ARCÓN CULTURAL. Integrante de ¡UYAYAY! COLECTIVO POÉTICO, así como del CÍRCULO DE POETAS IGNOTOS.

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