Hernández, obligado a declarar muerta a su hija

Tras la polémica suscitada por la cédula de Juliana Hernández y que, a pesar de su muerte tenga aún propiedades a su nombre, el candidato independiente anunció que adelanta los trámites para que la declaren fallecida 12 de Junio de 2022.


Rodolfo Hernández y su esposa, Socorro Olivero, anunciaron esta semana que empezaran los trámites con el fin que el Estado colombiano declare como muerta a su hija adoptiva, Juliana Hernández, quien supuestamente fue asesinada en 2004 por Ejército de Liberación Nacional (ELN) cuando la familia se negó a pagar una por el secuestro de la joven universitaria de Derecho, aunque la estructura guerrillera negó dicho crimen.

“Al ser innegable lo evidente, se iniciaron las acciones judiciales pertinentes para la declaratoria de muerte presunta por desaparecimiento, siendo un asunto de competencia exclusiva de un juez de la República”, informó la familia. “Mientras la autoridad judicial no lo declare, el estado civil de mi hija no va a cambiar, razón por la cual su cédula de ciudadanía continúa activa y los bienes que le pertenecen continúan registrados a su nombre”, aseguraron los Hernández Olivero. Todo empezó cuando diferentes medios de comunicación mostraron que la cédula de Juliana Hernández seguía activa a pesar de haber sido asesinada hace 18 años; y que eso no era todo, aún figuraba como propietaria de un apartamento en Bucaramanga.

La familia Hernández Olivero publicó un comunicado de prensa sobre esta situación, tildando de irrespetuosos a quienes afirmaban que Juliana Hernández no estaba muerta por la actividad de su cédula, y que todo se trataba de una estrategia de candidato independiente para crear lastima. “De forma irrespetuosa se burlan del dolor ajeno. Me permito reiterar como siempre lo he sostenido, que el cuerpo de mi hija nunca fue entregado y los grupos armados responsables de su desaparición no volvieron a entregar pruebas de supervivencia”, dijo la familia en un comunicado. La familia Hernández afirmó que no volvió saber nada del Ejército de Liberación Nacional (ELN) tras negarse a pagar por la liberación de Juliana Hernández, por la cual suponen que fue asesinada por esta guerrilla, pero aún las autoridades no han encontrado el cadáver de la joven mujer.

Finalmente, la familia Hernández Olivero invitó a los medios de comunicaciones y demás personas a respetar el dolor ajeno y sobre todo esta situación con Juliana Hernández, que aunque casi han pasado 20 años, sigue siendo igual de dolorosa. La historia del secuestro de Juliana Hernández Olivero Rodolfo Hernández aseguró que, a mitad de año del 2004 cuando su hija adoptiva Juliana Hernández Olivero estaba estudiando Derecho en Universidad Santo Tomás y empezaban las vacaciones, la joven decidió aceptar la invitación de una amiga de quedarse en una finca en Ocaña. Hombres armados ingresaron a la finca y se la llevaron a Juliana y a otra compañera (que días después fue liberada por el ELN).


Supuestamente esta guerrilla le exigía cerca de 2 millones de dólares por su liberación, fue cuando la familia decidió hacer una reunión. Tras vivir el flagelo del secuestro de sus padre, Rodolfo Hernández, junto a su familia, tomó la decisión de no pagar el rescate de Juliana Hernández, luego no se volvió a saber de la joven y de sus captores. “Pagan, yo tengo tres hijos más, lo cogen a él y luego cogen al otro y luego cogen al otro y luego toda mi familia, eso no tiene fin, me tocó amarrarme los calzones y afrontar este dolor”, dijo el candidato Rodolfo Hernández a Caracol Televisión.


Rectificación


En el día de ayer salió la esperada columna del periodista de Diario EL ESPECTADOR, Jorge Gómez Pinilla, de la cual había manifestado arrojaría datos reveladores sobre este polémico caso.


Sin embargo, la misma no cumplió las expectativas y por motivos desconocidos, al parecer de común acuerdo con la dirección de ese medio de comunicación, fue despublicada.


Debido a las conjeturas planteadas en dicho artículo de opinión, Diario EL POLITICÓN DE RISARALDA tomó la decisión de reproducirla en su edición del día de ayer por el tipo de evidencias importantes que arroja. A pesar de no estar sustentadas con pruebas feacientes, Gómez Pinilla manifestó no poder dar el nombre de la persona encargada de facilitarle esta información, merecedora de que los calificados lectores puedan evaluar a conciencia para determinar cuál puede ser la verdad de estos hechos enlutando la democracia colombiana:


Hace algún tiempo un amigo me dijo que tenía cómo probar que lo que afirma Rodolfo Hernández sobre la desaparición de su hija siempre ha sido falso, respecto a que se la había matado un grupo guerrillero por haberse negado a pagar el rescate tras su secuestro.


La prueba reina consistía en que un amigo suyo le habría contado que por allá en 2008 acudió a una institución psiquiátrica a visitar a un pariente que estaba siendo tratado por su adicción al juego y… cuál no sería su sorpresa al toparse entre los enfermos a Juliana, la hija de Rodolfo.


Según el relato, permaneció hablando cerca de una hora con ella y habría constatado que estaba dopada por la droga psiquiátrica que le daban, aunque no decía cosas incoherentes.


Yo le creí a mi amigo pese a que, cuando le dije que quería hablar con su confidente brindándole total reserva de la fuente, me respondió que él nunca accedería, porque era muy cercano a la familia Hernández. Sea como fuere, la versión de su reclusión allí tenía sentido, pues sé de buena fuente que el entonces director del GAULA le había manifestado al papá que no debía preocuparse, pues todo indicaba que se trataba de un autosecuestro planeado entre ella y su novio de entonces, quien tenía fama de marihuanero, del mismo modo que muy variadas fuentes que consulté me ratificaron como absolutamente verídico que ella andaba consumiendo droga.


Así que tenía sustento razonable su presencia un tiempo después (de su desaparición o de su autosecuestro o de lo que fuera) en una institución a la que pudo haber sido llevada por su familia para ser desintoxicada, y que trataran de conservar la privacidad en torno a un tema tan delicado. Y ello explicaría además por qué su papá nunca presentó denuncio ante la Fiscalía, como habría hecho cualquier pariente preocupado. Y a esta altura del relato considero ético informar que el 16 de marzo del año en curso le hice llegar al señor Hernández un cuestionario de 15 preguntas donde le inquiría por este y otros temas concomitantes, pero nunca respondió, y la prueba de que le envié las preguntas está en este pantallazo, donde se aprecia la fecha.


En todo caso, convencido de que estaba frente a una información de gran trascendencia, me di a la tarea de llegar, si no a la historia clínica (protegida por habeas data), sí al registro en los archivos de esa institución, donde constara que Juliana fue atendida allí durante los días de su supuesta reclusión como paciente sometida a un tratamiento terapéutico.


Puesto que no podía valerme de un derecho de petición, por tratarse de una institución privada y garante de la información sobre sus usuarios, decidí acudir al correo de las brujas. Apareció entonces alguien que prometió la consecución del dato, y unos días después dijo que el registro no estaba digitalizado, motivo por el cual debía hallarse “en una carpeta”. Y otros días después afirmó que esa carpeta estaba en una bodega externa al edificio, a la cual era imposible tener acceso.


Como no quería cejar en mi empeño, enteré a Daniel Coronell y a Ramiro Bejarano de mi búsqueda, el primero por su condición de avezado investigador periodístico y el segundo por su conocimiento de las entretelas legales para tratar de obtener tan valioso registro. Ambos manifestaron interés en colaborar, y la información que les suministré al parecer sirvió para saber que la cédula de Juliana Hernández Oliveros sigue vigente y tiene bienes a su nombre, como informó Cambio.


¿Por qué nunca antes los padres adelantaron el trámite para que se le decretara su muerte por desaparición y solo vino a hacerlo Rodolfo en medio de la campaña electoral, apenas en marzo pasado, ante una comisaría de familia de Bucaramanga? Producto de esta inquietud, siempre he sospechado que es más lo que Rodolfo sabe que lo que cuenta sobre el supuesto secuestro de su hija, y parte de mis dudas quedaron consignadas en esta columna.


Ahora bien, hubo un momento en que tuve la impresión de haber llegado a un callejón sin salida, ante la imposibilidad de acceder al registro de ingreso que permitiera tener certeza de que Juliana estuvo allí recluida. Pero surgió un hecho imprevisto: el 4 de junio Ernesto Yamhure, propagandista del paramilitarismo que salió de El Espectador y se refugió en Miami cuando se supo que sus columnas eran revisadas por Carlos Castaño, publicó este trino: “El colmo de la infamia. De buena fuente, entre Bejarano y Coronel (sic) preparan un montaje para decir que la hija del @ingrodolfohdez no fue asesinada por el ELN sino que murió en un hospital psiquiátrico”.


No tengo duda respecto a que la información sobre “un hospital psiquiátrico” solo pudo obtenerla como resultado de tener chuzado o hackeado mi Whatsapp, pues soy el único que manejaba esa información y las comunicaciones que sostuve con Coronell y Bejarano para tratar el tema fueron por ese medio, no desde mi celular.


Lo llamativo es por un lado constatar la facilidad con la que Yamhure puede tener acceso a conversaciones privadas, y por otro el hecho de que este sujeto cobarde y rastrero hoy promueve desde Miami la candidatura de Rodolfo Hernández, la misma ciudad donde este corrió a refugiarse porque dizque le querían “hacer una matada a cuchillo”. Y allí nombró como coordinador de su campaña en Florida a Alfred Santamaría, otro político de extrema derecha que hace cuatro años trabajó para la campaña de Iván Duque y está vinculado a la empresa que contrató a los mercenarios colombianos que asesinaron al presidente de Haití.


Para no salirnos del tema, lo referente a la estadía de la hija de Rodolfo en una institución psiquiátrica de Bucaramanga no es un hecho comprobado, aunque tampoco se puede descartar, pues hasta el día presente nada permite concluir que la persona que dijo haber visto ahí a Juliana Hernández hubiera mentido.


Sea como fuere, lo que debería ser una información reservada a la familia por lo que significa el dolor del secuestro y desaparición de un ser querido, saltó a la luz pública no por indebida intrusión de los medios, sino por las contradicciones en las que el mismo Rodolfo ha caído. Cuando se lanzó a la alcaldía de Bucaramanga sostuvo que había sido plagiada por las Farc, y tras lanzarse a la presidencia cambió su versión y pasó a decir que fue el Eln, algo que ese grupo desmintió.


Pero ahí no para el rosario de incoherencias; en días recientes sumó otra cuando le dijo a Univisión que “después de 17 años de estar buscando, dimos ya con unas informaciones que nos dijeron que hacía poquito la habían matado, le pegaron un tiro aquí en la frente”. Como dije para ese medio, si cree que le pegaron un tiro cae en una nueva contradicción, pues no podría pedir que la definan como desaparecida sino como víctima de homicidio.


Post Scriptum: La única tabla de salvación que tiene el uribismo se llama Rodolfo Hernández y se la están jugando toda por él. Y el tipo lo permite, porque su más grande anhelo narcisista es ser presidente. Después, que entre el mismo diablo y gobierne. Es por eso que de aquí al domingo 19 el ambiente electoral estará cada vez más sucio y maloliente, cada vez más uribista.


ADENDA: El día de ayer anuncié que hoy publicaría esta columna y el resultado fue que a eso del mediodía me llamó por Whatsapp el mismo Rodolfo Hernández para preguntarme yo qué pruebas tenía. Iba dentro de un taxi ruidoso, pero le respondí que las pruebas irían dentro de mi columna. Y él me dijo “Ah bueno, entonces dele pa’lante”. Y colgó.


Juzgo pertinente ratificar -como ya dije arriba- que esa y otras 14 preguntas relacionadas ya se las había formulado en marzo, cuando por Whatsapp le conté que estaba escribiendo un libro sobre su vida: “Rodolfo Hernández – Ángel y Demonio”. Y le pedí respuesta al cuestionario, en estos términos: “Apreciado Ingeniero, en cumplimiento del principio ético del periodismo que habla de la obligación de dar a conocer la versión de la contraparte, me permito enviarle un cuestionario de 15 preguntas relacionadas con el secuestro de su padre y su hija. Esto para el libro que he terminado de escribir y al que solo le falta incorporar las respuestas de este cuestionario. Una posibilidad, pensando en no quitarle tiempo en asuntos de redacción, es cuadrar una cita con usted para grabarle sus respuestas. Quedo atento a su amable respuesta.” Y nunca respondió.


Sea como fuere, ya que ayer por fin se dignó comunicarse, le formulé de nuevo esta pregunta por escrito: “Una persona que se dice cercana a la familia Hernández cuenta que en 2008 fue a visitar a un amigo suyo al Instituto del Sistema Nervioso de Oriente, Isnor, en Bucaramanga, y tamaña sorpresa se llevó al ver allá a Juliana entre los pacientes. Según el relato, permaneció hablando cerca de una hora con ella y habría constatado que estaba dopada por la droga psiquiátrica que le daban, aunque no decía cosas incoherentes. ¿Qué tiene que responder a esto?”.


Unos minutos después recibí esta respuesta, también por escrito: “Le repito como usted afirmó que tiene prueba, no tiene que dar explicaciones. Hágale con la publicación”.


He sabido además que un reconocido colega de otro importante medio también le hizo llegar hace unos días otro cuestionario con preguntas relacionadas con el mismo tema, y que hasta la hora presente tampoco las ha contestado.


La obligación ética del periodista está en contrastar sus fuentes, pero la obligación del personaje público también está en contestar lo que se le pregunta.


Título original: "La hija de Rodolfo y el hospital psiquiátrico"


Fuente: INFOBAE / DIARIO EL POLITICÓN DE RISARALDA / DIARIO EL ESPECTADOR

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