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Lloratón Panamericana



La imagen reciente del senador barranquillero Mauricio Amin, en la plenaria del Congreso implorando a la ministra del Deporte, para que salvara los Juegos Panamericanos en Barranquilla causó consternación, pero aun así no logró lo que su actuación melodramática pretendía: que el gobierno nacional asumiera la carga económica de los altos costos de este proyecto que se concibió como un negocio muy rentable para beneficiar a unos avivatos.


La bicoca de 512 billones de pesos, al menos, costaba ese embeleco que empujaban Pumarejo, Elsa Noguera y Alex Char, platal enorme que NO tenía en su presupuesto la alcaldía de Barranquilla. Acostumbrados como están a administrar, gastar y ostentar al debe.


Debemos recordar que fue el alcalde de esta ciudad el que firmó el contrato, sin consultar con el gobierno nacional, luego quisieron extender las responsabilidades a Malambo, Puerto Colombia y Soledad, para arañar parte del presupuesto del Área Metropolitana, y después en un acto de desespero agregaron a Cartagena y Sta Marta, pero estos alcaldes no picaron el anzuelo, sencillamente porque tampoco tenían cómo hacer esos altos aportes.


Fue entonces cuando quisieron endosárselo al país. Eso inició hace cuatro años, cuando el presidente era Duque, como era de los mismos dijo que bueno, que estaba bien, pero no obstante sus buenas intenciones, nunca tuvo disponible esa plata.


En agosto del 2022 se cumplió el plazo para girar OCHO MILLONES DE DOLARES que cobraba Panamá Sport solo por la franquicia, y el gobierno de Duque pasó de agache. Totalmente cabizbajo. Ni siquiera incluyó ese rubro en el Presupuesto Nacional y menos el costo de las obras ni los gastos derivados para la realización del evento deportivo.


Estúpidos, “hijos de papi” jugando a gastar sin medida, incluyan ahí a Mauricio Gómez, el pendejo que en ese video llora, están hechos en la misma camada, gastones cuando no es su plata la que se feria pero sí están pendientes para morder de los contratos que generarían esas obras.


Son 23 deportes los que compiten en esas justas y en Barranquilla no existen escenarios deportivos para doce de ellos. Entonces había que adecuar los que hay y construir los que no hay.

Eso cuesta mucha plata. Súmenle alojamientos y alimentación de las delegaciones, y atenciones y protocolos y sueldos de burócratas. Agreguemos el arreglo de las vías adyacentes, cuatro carriles a Santa Marta y a Cartagena, ambas en construcción desde hace doce años y no van ni por la mitad, y la adecuación del aeropuerto que, aunque recientemente fue remodelado por los Char y Gerlein, pareciera que se robaron la plata porque quedó peor. Está lejísimos de ser un aeropuerto del primer mundo.


Entre las exigencias incluyan además el mejoramiento del transporte urbano, que tiene un sistema llamado pomposamente "Transmetro" pero solo es de buses y es bastante precario. No tienen aire acondicionado, casi todos están para chatarrizar, el sistema pide a gritos su reposición, son pocas las terminales, sin aire acondicionado, su extensión es limitada, en fin.


Fueron los mismos que hace tres años dijeron que traerían una etapa de la Fórmula Uno para hacerla en Barranquilla, publicidad faraónica para tapar la inmunda realidad que se sale por las junturas del cemento, que según estadísticas del DANE del propio Ivan Duque, Barranquilla es la ciudad capital en la que más hambre se pasa en Colombia.


Insistieron e insistieron diciendo que sí lo podrían hacer. No solo era su alto costo, es que no hay por dónde poner a correr esos bólidos. Y estos boludos poniéndonos a correr.


Escribe: EVA DURÁN


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