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"MagníFICO" escándalo: ¿Puede un infiel ser leal a sus conciudadanos?


Recientemente, se viralizó un video en el que aparece Federico Gutiérrez, uno de los políticos más reconocidos en la ciudad de Medellín, bailando muy ‘acaramelado’ con una bella rubia.


Las imágenes son noticia por tratarse de uno de los hombres más sonados, que aspira a ocupar nuevamente el cargo de Alcalde en la capital paisa.


En el registro que se compartió a través de la red social X, se alcanza a ver como el político baila con una mujer muy parecida a su esposa, Margarita Gómez. Sin embargo, la identidad de esta persona no ha sido confirmada.


Lo que sí es una realidad es que los rostros de ambas mujeres presentan ciertas diferencias. Por una parte, la rubia del video se ve más delgada y blanca en su tez de piel. Por otro, está su esposa, quien tiene unas facciones menos marcadas, una piel más trigueña y una tonalidad en el cabello menos clara. Sin embargo, se reitera, la información no es oficial.


Por lo pronto, Federico Gutiérrez ha preferido guardar silencio y no se ha pronunciado ante los medios de comunicación.


A pesar de ello, el tema ha generado todo un debate alrededor de la política y el alcohol.



Opinión


Los detractores de este tipo de noticias, podrían calificar -y no sin cierta razón- a esta clase de noticias como amarillistas, más acordes con los opositores políticos al Gobierno del Cambio del Presidente, Gustavo Petro, que desde un punto de vista imparcial, constructivo o con un mínimo carácter de objetividad.


No corresponde a nadie objetar el comportamiento ético moral de Federico Gutiérrez ni de cualquier otra persona, en primer término porque la libertad de conciencia es fundamental para el desarrollo de las sociedades donde se reconoce el libre albedrío y porque no estamos hace siglos en la Edad Media al punto de reparar en semejante tipo de subjetividades.


Aunque el apodado "Fico" sea un personaje polémico, controversial, con señalamientos de nexos al interior del crimen organizado o presunta corrupción -por lo cual sí se lo puede juzgar- desde algunos sectores surgen comentarios de talante "machistas, buscando hacerle un guiño de ojo a la "picardia", tratando de dar justificación a lo que no lo tiene.


Si bien las imágenes quedan exentas de escenas de sexo explicito, de cualquier acto más allá del flirteo del aspirante a la primera magistratura de la capital antioqueña con una desconocida, de que la cada vez mayor lejanía de los años noventa junto a sus códigos ético - morales; ¿por qué un caso de infidelidad casi cuesta un cargo político en Estados Unidos y aquí como si nada?


El episodio trae a la memoria los fantasmas de cuando se relacionó al primer mandatario de ese entonces con quien era su secretaria, Mónica Lewinsky. Frente a las pruebas irrefutables, explicitas, de decir "no conozco a esa mujer", Bill Clinton cambió su testimonio reconociendo el hecho de forma pública.


Eran otros tiempos, los estándares aceptados o no eran distintos hace casi treinta años, motivo por el que se llegó a considerar la renuncia presidencial casi como si se tratara de otro "Watergate".


Consideraciones al margen, comparaciones de época mediante, en la Colombia de todos y cada uno de los días donde la confianza, la lealtad, la fidelidad, el amor a la Patria no parece superar las nunca las pruebas, vuelve a jugar el mismo interrogante en los parámetros a veces hipócrita de los escenarios moralmente exacerbados. En caso de tratarse de otro de los tantos casos dónde tienen lugar las aventuras amorosas; ¿Puede alguien de dudosa lealtad, capaz de tener comportamientos reprobables en mayor o menor proporción, inspirar la suficiente confianza en los medellinenses para conducir sus destinos?



Fuente: PUBLIMETRO /DIARIO EL POLITICÓN DE RISARALDA

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