"Nuestra democracia se defiende con contundencia": Juan Carlos Valencia


Era un joven universitario cuando la política entró a mis venas, presidia un ‘comando’ Liberal en la Universidad conservadora de la época, revelando desde entonces mi actuar, nadar en ocasiones contra la corriente.


Mis posturas posibilitaron que el entonces Periódico LA TARDE me diera la oportunidad de escribir mis opiniones en una columna que denominé LA CALDERA por el año de 1990 y posteriormente como Concejal continúe escribiendo en LA TARDE y en EL DIARIO DEL OTÚN; desde entonces mucha agua ha corrido.


Las comunidades y la democracia me han llevado a trasegar varios espacios de la vida pública desde donde he intentado dar lo mejor de mí para cumplir la misión encomendada y, en varias ocasiones, he renunciado al status quo para aceptar nuevos retos, unos con éxito, otros con resultados no esperados.


Hoy un amigo periodista me invitó a volver a escribir, a plantear desde un papel una opinión crítica o de apoyo a determinados hechos que estén ocurriendo en la comarca, la región o el país; tarea no fácil cuando se quiere hacer sin improvisación e intentando no ser parcializado, pero si verídico en mis afirmaciones.


Acepto el reto y desde hoy intentaré escribir una columna semanal donde descargue mi pensamiento crítico y ojalá propuestas frente a los mismos, sin ofender a quien piense diferente.

Entrando en materia y con ocasión a las elecciones presidenciales, sería un buen tema para iniciar, aclarando a los lectores mi simpatía por el candidato Federico Gutiérrez, porque representa una institucionalidad que requiere urgentes mejorías que conlleven una mejor calidad de vida de la ciudadanía, pero ello no implica quemar el establecimiento.


Nuestro territorio no es un país fallido como lo quieren mostrar, veamos algunas cifras, según datos del exministro de hacienda Rudolf Hommes a comienzos de los años noventa Colombia tenía una red de carreteras de 100.000 kilómetros, hoy se cuenta con más de 206.000 kilómetros y mejores carreteras (4G). La proporción de graduados de pregrado en las universidades del país pasó de 9,9% de los mayores de 25 años en 2007 a 12,8% en 2020.

En 1993 la cobertura de salud era de alrededor del 23% de la población, en la actualidad es superior al 95% por ciento. La esperanza de vida de los colombianos era de 69,75 años en 1990 y 77 años en 2019; recientemente esa longevidad está trazada en promedio de 80 años para mujeres y 78 para hombres.


En ese mismo período, la tasa de mortalidad por cada 1.000 bebés recién nacidos cayó de 25,7 al 10.4%. El número de niños sin escuela primaria era en 2019 de solo el 4% del registrado en 1990, igual han mejorado los indicadores de agua potable y el ingreso per cápita; ello no indica que todo está bien y por supuesto faltan cosas por mejorar.


La pobreza aumentó por culpa de la pandemia, el desempleo volvió a dos dígitos (12.2% interanual) y una inflación del 8.53 y muchos más en los productos de primera necesidad, igual que en el resto del mundo, ella se debe controlar porque asfixia la capacidad de consumo de los colombianos; la corrupción es un cáncer que campea en todos los escenarios públicos y privados, debemos combatirla sin contemplación pero para ello debemos involucrar a toda la sociedad, empezando con unificar su concepto y cómo podemos ser parte de la solución; la salud está en crisis, hay más cobertura pero la calidad no es la deseada, claro debemos mejorar los indicadores pero no con propuestas populistas ya fallidas en países de la región.


Nuestra democracia se defiende con contundencia, partiendo del principio de respetar al contrario; entendiendo que después, de la muy posible segunda vuelta, debemos unirnos como país porque los problemas serán para todos y este país a todos nos duele.


*Ex concejal y diputado. Presidente departamental del Partido Social de la Unidad Nacional.

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