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Proponen Observatorio del Libro y Lectura, para generar planes o políticas públicas



Escribe: ALAN GONZÁLEZ SALAZAR*


La nota reciente acerca de la creación literaria en Pereira publicada por Mauricio Ramírez Gómez en el suplemento dominical de Las Artes, de El Diario, no deja de sorprender e inquietar a los lectores que encontramos motivos de especial recogimiento en estos temas ¡Siempre que un texto sirva para producir otros textos hará que el ejercicio de notación y crítica sea ejemplarizante y digno del recuerdo!


En las redes sociales no tardaron en responder, por fortuna, los escritores, en responder y polemizar, tanto que al pie del enlace del artículo todavía puede uno conocer opiniones disímiles de periodistas y entendidos, quienes jerarquizan sus ideas y ya sin aliento dejan que las palabras se atropellan unas a otras ¡en un espectáculo digno de los mejores tratados!


El palimpsesto de las redes sociales, como a bien tiene en anotar Mauricio Ramírez, muestra la complejidad del fenómeno del reconocimiento literario en la ciudad, del largo proceso de maduración de la lectura y la crítica especializada, del compromiso institucional, en fin, del marketing y la producción en masa de un arte poco apreciado por la industria y carcomido por la corrupción política y social.


A renglón seguido, el autor afirma que no cree que exista una literatura pereirana… que la identidad territorial y sus problemáticas resultan ahora anacrónicas, que esta ideología es propia del siglo XIX, del desarrollo de los “estados-nación”, prejuicios que no deberían afectar la escritora contemporánea, que para bien desarrolla junto a Martha Nussbaum la idea estoica de una ciudadanía del mundo, con el propósito, quizá utópico, de detener la guerra y las confrontaciones patrioteras que siguen signando la historia contemporánea…


Sin duda nos enfrentamos aquí a un problema socio-crítico, cuando Ramírez afirma en su artículo que “no hay grupos humanos ni territorios ni épocas más privilegiadas que otras para la creación”, parece desconocer el papel del lenguaje en la defensa de las libertades civiles y en la conformación del Estado moderno y sus mecanismos de gobierno y poder, ¡claro que hay grupos humanos privilegiados!


La garantía y práctica del derecho a la libre expresión, por ejemplo, sí que condiciona el destino de una sociedad que se presume letrada. La circulación de los libros, la promoción cultural y el prestigio de los escritores son fenómenos propios de ciertas repúblicas democráticas, puesto que se entiende que los textos son actos o actividades propias de la libertad constitucional, textos que comienzan a ser significativos entre los lectores en la medida en que estos se enfrentan a los problemas culturales, estéticos, filosóficos de su tiempo.


En este sentido, no podríamos separar a Dostoyevski de Rusia ni a Balzac de Francia ni a Dickens de Inglaterra, a la gran mayoría de escritores cuya puesta en escena, decorado y diálogos, estuvo y está sujeta al medio en que ellos mismos se desenvolvieron, la gran mayoría de nosotros estamos atravesados por valores y modismos propios de la época que nos ha tocado vivir, sin desconocer que estas divisiones territoriales y políticas muchas veces obedecieron al capricho, a la conveniencia económica y administrativa, al interés inconfesado de poder, como fuera el caso del Eje Cafetero.


No por ello deja de ser determinante el medio, puesto que este le marca un ritmo a la circulación de las obras y los autores, así estos se dediquen por entero a resolver las crisis contemporánea del ser en sus novelas, con toda seguridad será posible entrever entre los barrotes de las líneas de estos libros publicados en la ciudad, una Pereira que se transforma, que se sueña desde diferentes ángulos y pasa de la ruralidad al misterio y al horror de la muerte en la calle, se podrían adelantar estudios monográficos en torno al cambio de perspectiva de estos textos novelados que le miden el pulso al territorio, es decir, cómo las primeras narraciones glorifican la gesta antioqueña y con el solo paso de algunos años ya estos libros nos presentan a Lisímaco Salazar rondando la Plaza de Bolívar y en un parpadeo, con el abanico de títulos abierto, otra ciudad, ahora podemos ser testigos de los barrios marginales y su violencia.


Señala a su vez Ramírez que “no tenemos la obligación de leer las creaciones de nuestros coterráneos”, porque la lectura es un acto recreativo que debería solo guiar el placer, en medio del laberinto de la producción desmedida de libros en la región, de hojas que deberían volver a los árboles porque en definitiva estos fueron talados en vano.


En Pereira hay arboricidas, sin duda, esto en lo que respecta a la producción y recepción de texto de forma no profesional, pero sí que deberíamos crear un Observatorio del Libro y la Lectura para generar planes y políticas públicas en torno al libro, a la inversión e investigación, por ejemplo, en bibliotecología, en el capital humano, ahora que los promotores de lectura requieren mayores garantías laborales, que los escritores buscan mayor participación y respaldo del tesoro público, en fin, los académicos deberían exigir revistas especializadas en cada una de las facultades y los periodistas, a su vez, deberían hacer sondeos periódicos y lecturas desapasionadas para que los libros circulen y se discutan, pero lo que se ve en las instituciones es la politización y detrás de ella el funcionario mediocre y déspota que lo último en lo que piensa es en enriquecer su propia cultura.


Así que a Mauricio Ramírez le asiste la razón cuando afirma en su artículo que “en Pereira no se han configurado grupos literarios, similares a los de otras ciudades, dedicados a defender causas estéticas o ideológicas”, la paradoja está en que aquí en Pereira, en la Universidad Tecnológica, se formen doctores en literatura y no se sepa nada de las investigaciones que adelantan… ¿Dónde publican? ¡Claro que “es imperativo llevar a otro terreno la discusión”! Concuerdo con Ramírez en la necesidad de estructurar proyectos de mediano y largo plazo en la ciudad, enfocados en la seducción y formación de nuevos lectores.






*Pereira, Risaralda, 1987. Actor y dramaturgo. Cofundador de la revista Polifonía y del Premio Nacional de Poesía Universitaria El Quijote de Acero. Actualmente culmina sus estudios universitarios en la Universidad Tecnológica de Pereira. Ha publicado poemas en la antología Tocando el viento (Corporación Cultural Luna de Locos, 2012); Poetas del Gran Caldas (Revista Santo y Seña, Musa Levis, 2013) cuentos y ensayos en las revistas Agenda Cultural; Las Artes, suplemento literario del Diario del Otún, Polifonía y Luna de Locos. Premio Nacional de Novela Ciudad Pereira 2012, con la obra Anónimos.

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