Responsabilidad no es de todos, sino de quienes pueden hacer las cosas bien


Escribe: ZAHUR KLEMATH ZAPATA*


Una gran mayoría de mujeres tienen la habilidad de mantener el orden en la casa, esa organización se ve desde el momento en que se cruza la puerta y se está en la sala. Los hombres están más dedicados a las cosas que llaman prácticas aunque los habilidosos mantienen un entorno y una presentación que refleja su personalidad, poder y visión de la vida.

En el manejo de la cosa pública de los países existe una combinación de habilidades en el personaje que asume la responsabilidad de administrar los bienes sociales y sí sabe ejecutar y alcanzar las metas impuestas. A diferencia del demagogo que se presenta con un cartel de habilidades y títulos que no demuestran en realidad haber logrado una premiación por haber sacado adelante un proyecto del cual la sociedad se ha beneficiado de él.

Colombia está en un proceso de maduración intelectual y social. Ha pasado por una serie de decantaciones quemando etapas que otros países no han tenido la oportunidad de vivirlas y superarlas. Casi un siglo de violencia ha marcado a la sociedad y todos están tocados por ese signo maligno y no lo pueden apartar como quien se baña y sale limpio a ponerse ropa sin ninguna mancha para asistir a la boda de uno de sus hijos.

Estamos en el comienzo de otra etapa social. Los temores y los rumores golpean a diario y crean desconfianza. Pero la realidad es que no hay una unidad que mueva a toda la sociedad a sacar adelante el país. Es como si el pasado se repitiera y los enemigos y los resentidos nuevamente se aglutinaron a ladrar como el perro en la noche lo hace en medio de su soledad. Estamos en el momento preciso para recogernos y trabajar bajo una sola bandera que nos permita demarcar el camino que nos conduzca a alcanzar el bienestar que todos anhelamos. De esta forma nos hacemos fuertes y podemos obligar a quienes nos representan para que actúen no bajo el signo de la corrupción y el despilfarro de los bienes sociales sino para que juntos podamos construir esta nación que lo tiene todo y que hace falta que la vuelvan productiva.


Los días llegan y se van al igual que las protestas, al final solo queda el vacío que provocamos y nadie lleva nada a casa. La mesa siempre estará esperando que sea servida y que los comensales puedan disfrutar de haber cumplido con haber participado con algo que está sobre la mesa.


El odio y la envidia son los mejores cosechadores de amarguras, pero al final como un barco abandonado por la peste todos ellos terminaran a la deriva mientras las playas se alejan de los salvavidas.









*Poeta y filósofo estadounidense de origen colombiano. SEO de Diario EL IMPARCIAL y del portal NOTICIAS 5.

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