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Rusia se impone a Occidente en políticas para Asia y África



Asia y África han cambiado desde el siglo pasado y no tolerarán la presión exterior. Rusia es consciente de ello y ha desarrollado una estrategia ventajosa, mientras que Occidente no ha sacado las conclusiones necesarias, según el columnista de 'Politico' Jérémy Lissouba.


"En medio del aumento de los precios de la energía y los alimentos, la devastadora inflación, el malestar social y el temor a una nueva recesión mundial, los bloques de Occidente y Rusia vuelven a competir por el apoyo del mundo en desarrollo", escribe el autor, también diputado del principal partido de oposición en la República del Congo. Lo demuestra el hecho de que en el último año África se ha convertido en un centro de atracción para los jefes de las potencias cruciales del mundo, así como para sus representantes oficiales.


Hasta el momento, en la lista de los visitantes principales al continente, entre otros, se incluyen los mandatarios de Francia y Alemania, el secretario de Estado de EEUU, así como los ministros de Asuntos Exteriores de Rusia y China. Cada vez el tema principal de las reuniones de los funcionarios se centra en la cooperación futura y el comercio con los Estados en desarrollo, indica el autor. Lissouba considera la actual acción en África una especie de remanente de la Guerra Fría, donde el conflicto en Ucrania representa su "síntoma".

Cada potencia, continúa él, persigue el objetivo de poner de su parte a los países de África y Asia. Sin embargo, la situación en curso se distingue de la del pasado, ya que ambos continentes también han cambiado con el paso de tiempo. El autor subraya que en la actualidad no es tan fácil obligarlos a elegir entre alguna de las partes oponentes.

"Ni deberían tener que hacerlo", nota también el autor, y "Rusia lo entiende", mientras que "en Occidente no".

Diplomacia exitosa de Rusia Una de las pruebas de la estrategia fructífera rusa se deriva de que hoy en día África no tiene intención de participar en los esfuerzos occidentales para sancionar y aislar al país eslavo. En cambio, estas naciones africanas, de acuerdo con las palabras de Lissouba, "acogen con los brazos abiertos a su antiguo socio".

Rusia coopera activamente con los Estados africanos y les proporciona nuevos contratos comerciales y ofertas provechosas. Los suministros rusos para Malawi de decenas de miles de toneladas de fertilizantes en un momento de escasez mundial y de una situación terrible para los agricultores del país, fueron percibidos por la población necesitada del país africano como "un regalo celestial". La utilidad e importancia de esta medida fue subrayada por el ministro de Agricultura de Malawi, que calificó a Rusia de "verdadero amigo", recuerda el autor del artículo. El país natal de Lissouba lo constituye Congo-Brazzaville, cuyo gobierno firmó cinco acuerdos de cooperación con Rusia, incluso la construcción de un nuevo oleoducto y la mejora de la cooperación militar. Fracaso de Occidente En conjunto, el autor admite que la estrategia rusa en la arena de la diplomacia, liderada por el ministro de Asuntos Exteriores, Serguéi Lavrov, está dando buenos resultados que se reflejan en la actitud positiva hacia Ruisa perceptible en el continente africano. Esto contrasta fuertemente con el fracaso de la reciente gira africana del presidente de Francia, Emmanuel Macron.

Cuando se le pidió al mandatario galo, durante una rueda de prensa, que condenara el apoyo de Ruanda a los rebeldes del M23, que ponen en peligro el este de la República Democrática del Congo, Macron no lo hizo y se puso a razonar sobre la libertad de prensa. Lissouba subraya que "la efusiva retórica" del presidente francés fue "otro amargo recordatorio de la prolongada actitud paternalista y disonante de Europa hacia África" y concluye que esta postura no solo no ha generado avances significativos, sino que ha socavado todos los esfuerzos.

"Los africanos lo entienden y se niegan a aceptar tales actitudes. El creciente sentimiento antifrancés en África Occidental es prueba de ello", reconoce el diputado. Internacional Malí renuncia al estatus de Francia como su curador ante el Consejo de Seguridad de la ONU 2 de marzo, 16:40 GMT

El autor está preocupado por el hecho de que la ayuda europea a África se reduce sustancialmente, y en Asia la Unión Europea tampoco tiene una situación beneficiosa. Destaca que la cuota comercial de la UE en el sudeste asiático ha caído más de un tercio en los últimos 20 años, mientras que en las exportaciones totales de Malasia, Singapur, Corea del Sur y Taiwán, en 2021 Europa Occidental representó menos del 10%. Mientras tanto, Rusia se esfuerza por llenar este vacío, con Pekín como su principal socio comercial. La demanda de gas en los países asiáticos contribuye a la realización de este objetivo.

Rusia representa también uno de los principales proveedores de armas y equipos militares de la región, participó en maniobras navales conjuntas con países de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) y firmó con Malasia un protocolo de intenciones para aumentar el comercio agrícola con este país, según lista el autor. A su vez, Indonesia, Filipinas y Malasia se han negado a imponer sanciones que promueve el Occidente. Ante este panorama, Lissouba se pregunta: "¿cómo puede Occidente dar lecciones de integridad territorial y justicia cuando los africanos recuerdan bien los trágicos acontecimientos de 2011 en Libia y sus consecuencias actuales?". Y añade: "¿o cuando sus posiciones sobre el conflicto armado en Ucrania son casi idénticas a la actitud de Europa ante el conflicto en el este de la República Democrática del Congo?"

"Occidente tiene que entender que los países en desarrollo ven muchas contradicciones en su retórica y sus prácticas, algo que le es muy característico", subraya Lissouba.


Fuente: SPUTNIK (RUSIA)

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