Sobre las maquinarias políticas, por LUIS ENRIQUE ARANGO


Escribe: LUIS ENRIQUE ARANGO JIMÉNEZ*


Con el término maquinarias el argot político ha venido haciendo referencia de manera generalizada a las formas organizadas para delinquir, algo así como maquinaria política sinónimo de corrupción.


La candidata Ingrid Betancourt se ha vuelto obsesiva reclamando cero maquinarias como la razón de ser de su propuesta de campaña, sin mayores precisiones.


En alguna famosa entrevista dicha candidata le contra preguntaba a la entrevistadora si Alex Char tendría maquinaria, a propósito de responder a la pregunta de si aceptaría aliarse con el.


No ayuda a arrojar claridad sobre el tema semejante confusión. Si bien en los imaginarios todo exhala corrupción en lo que se refiere a la política, aprovecharse en exceso de esta percepción para ganar simpatías termina favoreciendo la propia corrupción al desenfocar el objetivo de combatirla, mezclándolo todo de manera caótica.


Hemos visto a la susodicha candidata dar palos de ciego de un lado a otro, casi rayando en lo cómico.



Actuar de manera organizada es algo natural; otra cosa es que las organizaciones deriven en actuaciones delictivas. Y en este caso no son las organizaciones en sí mismas las culpables de los delitos sino las personas que las instrumentalizan para ello. En este ámbito caen las repudiadas prácticas del clientelismo que se apropian del Estado para llegar a los cargos y mantenerse en ellos.


El hecho de que pueda haber organizaciones políticas creadas a propósito de delinquir no autoriza a pensar que todas se crean con el mismo fin.


Ahora hablemos de los votos y los respaldos políticos que provienen de grupos organizados.


Que existen redes de influencia que inciden en los votos que las personas depositan el día de elecciones, es algo inocultable. Soñar que el voto en todas las personas obedece a un ejercicio autónomo, incontaminado, objetivo, libre de intereses, es solo eso; un sueño.


Tratar de conectar con formas organizadas para buscar respaldos, con base en propuestas y programas no significa nada ilegitimo. Depende en qué términos se haga.


Es apenas lógico que tratándose del ejercicio del poder político, sea inevitable encontrarse con diversos intereses, incluidos aquellos abusivos e indebidos. Lo grave es ceder ante ellos violando la ley o comprometerse, a conciencia de su ilegalidad o inconveniencia para la sociedad. Ello si es deshonesto y repudiable. En ello no puede haber concesiones bajo ninguna excusa.


Lamentablemente esto es lo que predomina y por ello hay que luchar sin tregua para combatirlo. Aquí está la raíz de la corrupción.


Son entonces los candidatos que reciben los votos con base a negociaciones indebidas los responsables de su actuar, y quienes proponen o desean favores a través de la política, no pueden en todos los casos declararse como delincuentes irreductibles. Seria ideal vivir en el país de las maravillas pero estamos en la realidad que no podemos transformar de la noche a la mañana.


Como juzgar los candidatos en esta materia ? De nuevo solo la confianza que tengamos en ellos, por lo que han sido y por lo que proyectan. Nos lo dicta en la intimidad nuestra conciencia.


Presumir de otro lado que todo el que ha hecho parte de organizaciones políticas tradicionales, solo puede actuar de manera fraudulenta, puede ser una forma legítima de estar muy prevenidos, pero hacer de ello una especie de evangelio es simple y puro fanatismo.


Además todas las personas tienen el derecho a cambiar de opinión, a rectificar, a pensar de otra manera . Finalmente la contienda electoral eso es lo que busca.


Ello no significa bajar la guardia en la lucha contra la corrupción, más bien es hacerlo con más racionalidad y menos emociones.


Lo otro es caer en el falso y a veces hipócrita dilema de dividir las personas entre buenas y malas sin remedio, que tanto daño le ha hecho a la humanidad. De allí nacen la descalificación y los odios que favorecen la polarización, los autoritarismos y las persecuciones.


No hay nada más fácil que responsabilizar a los demás, auto exonerándose de toda culpa.


Por este camino simplista de valorar las cosas la historia está llena de tragedias para grupos poblacionales. Han sido victimas los indígenas, los negros, los judios, los gítanos , los musulmanes; etc, etc. Generalizar parece algo muy propio de todas las culturas pero a todas luces es injusto y errado.


Sé que lo que estoy diciendo incomoda, advierto que no soy vocero de nadie y esta es solo mi modesta opinión.


Colombia tiene que cambiar, esta es una tarea para la gran mayoría de los Colombianos . Sumemos esfuerzos entre todos .


P/D.: Seguimos atrapados en las famosas encuestas de opinión, queriendo anticipar los resultados. La campaña apenas está empezando. Por mucho madrugar no amanece más temprano.


*Dirigente cívico y político. Ex rector de la Universidad Tecnológica de Pereira (UTP).

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