Una fiesta millonaria cuando el país se contrae


Escribe: ZAHUR KLEMATH ZAPATA*

zkz@zahurk.com

Después de 1776 las coronaciones se vuelven una serie de espectáculos para celebrar la coronación de alguien que se va a entronizar en el poder. Todo esto ha llevado a que una élite de ciudadanos puedan asistir a este tipo de celebración y el pueblo, la base del Estado pague con sus impuestos la buena vida que se da la burocracia.

Este 7 de agosto se celebra el día final del dominio español y la consolidación de la independencia de la Nueva Granada. La cual realmente no se independizó sino que continúo dominada por personajes que consideraron que estas tierras eran de su propiedad y la dividieron en territorios de castas familiares donde el pueblo solo ha sido el que paga para que sobreviva como una nación.

Hoy es un día memorable porque quien se va posesionar no representa esa estela familiar que se remonta hasta las Ibáñez sino a otra que no tiene nada que ver sino con otra mezcla que se fue refundiendo a través de los siglos engendrada entre trabucos y alambiques como si fuera una nueva forma de sobrevivir.

Hoy coronar a alguien majestuosamente en medio de un país convulsionado por la división existente es apresurar a que se llene la copa y generar situaciones que antes se habían visto en la historia de la nación.

El derroche de alcohol y otros enervantes es normal en cualquier celebración donde la gente adulta se reúne y más cuando el dinero viene como cascada del bolsillo de millones de contribuyentes que son ajenos donde va a terminar su contribución.

Estas fiestas son locas e irresponsables y demuestran como se dice en el argot popular, “por el desayuno se sabe que va ser el almuerzo”. Creo que esto tiene mucho sentido cuando analizamos lo que ha pasado en los últimos dos años.

Una larga población está esperanzada a ciegas que algo bueno va a suceder y es loable esa esperanza porque el pueblo básico siempre tiene la esperanza que algún día un salvador va a aparecer y cambiar el destino de miles o millones de personas. Así se ha vivido por miles de años con esa esperanza. Y aún siguen esperando esa redención.

Estamos en el siglo 21 donde la tecnología nos muestra otro destino de la humanidad y podemos a la vez comunicarnos con millones de personas al instante, pero hay cosas que no aceptamos porque nuestra capacidad de raciocinio es muy limitada y no podemos racionalizar el futuro aparte de ir a visitar los brujos, los que leen las cartas o el tarot. Así creemos que será el futuro. Pero no, el futuro está ahí y nace hoy con esta nueva posesión.









*SEO del Diario EL IMPARCIAL. Poeta y filósofo estadounidense de origen colombiano.

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