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Vía Crucis para Palestina



Escribe: JHON JAIRO SALINAS*


Lo que definitivamente está pasando en la Franja de Gaza, con el genocidio del pueblo palestino, nos obliga a hacer una reflexión teológica sobre un pasaje bíblico que describe una orden de destrucción hacia el pueblo de Amalec. Esta conexión entre el antiguo "dios" de los judíos y el Islam, señala la similitud en las órdenes dadas por ambos y hace referencia al concepto de enemigos del mañana en que se critica el impacto negativo que la violencia tiene en las generaciones futuras. Es precisamente lo que el mundo está presenciando hoy. La masacre, justificada con la furia de Israel a través de órdenes "divinas", y la perpetuación del conflicto a lo largo del tiempo entre palestinos e israelíes.


¡Vaya! Parece que el genocidio contra el pueblo indefenso de Palestina se esté haciendo bajo el recetario de: "Ve y ataca a Amalec, y destruye por completo todo lo que tiene, y no le perdones; pero mata a hombres y mujeres, niños y bebés, vacas y ovejas, camellos y asnos“. (1 Samuel 15:3) Esta es la orden del antiguo "dios" de los judíos, aunque parezca extraño, también la orden del Islam, los dos hijos de Abraham, es decir, hermanos, que fueron amenazados de muerte. También recordar el asesinato de 144 mil niños ordenados por Herodes en tiempos de Jesús. Ellos, los niños, no son las víctimas del conflicto, sino el objetivo de sus acciones.


La muerte prematura de los enemigos del mañana y sembrar el odio en estos pequeños corazones inocentes, haciendo de esta guerra, sin fin como alimento, a un "dios" oscuro del abismo. No hay alto el fuego ni posibilidad de diálogo... y no lo habrá. Solo habrá paz cuando los dioses carniceros, como, Benjamín Netanyahu, que controlan las mentes y los corazones de los humanos mediante su gobierno destructivo, sean erradicados para siempre.


"No duermo. Suelo tener pesadillas con mi hermano, mi sobrino y mis amigos muertos. Todos los días le digo a mi madre que me quiero morir. El otro día me quise tirar por el balcón, pero mi hermana me agarró. Mi padre es pescador, pero nos han cerrado el mar. Solo nos permiten pescar a cinco millas de la costa. Ahí no hay peces. Vivimos una vida de mierda. Tierra, mar, todo bloqueado. Soy un niño igual que los demás. Esto no es vida. No tenemos ni para comer. Tengo que ganarme la vida vendiendo te y café para llevar dinero a casa. No me han dejado amigos ni a nadie. Me quedo en casa, no juego ni hago nada. Me gustaría entrar en la resistencia y hacer justicia por mis primos". (Testimonio, niño palestino).


Hoy, Palestina clama libertad en medio del polvo y el dolor, entre ruinas que guardan historias de resistencia y esperanza. Sus cielos susurran anhelos de paz mientras sus tierras gritan por justicia. Las olas del Mediterráneo acarician sus costas, testigos silenciosos de un pueblo que anhela ser libre. En cada callejón, en cada aldea, en cada corazón palestino, late el deseo ardiente de un futuro en que la paz sea más que un sueño lejano. Palestina reclama su libertad...











*Dirigente y defensor de derechos humanos oriundo del departamento del Quindío. Miembro del Pacto Histórico Quindío. Escritor. Poeta. Corresponsal y periodista tanto de Diario EL POLITICÓN DE RISARALDA, como de su suplemento de ciencias y artes ARCÓN CULTURAL.

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